Celebración de los 50 años del Cetransa El Salvador
oct.17, 2010, categoria: Rugby, Rugby Nacional
Por los autobuses y el gentío se veía que el auditorio del Museo de la Ciencia se iba a quedar pequeño para acoger cincuenta años de historia. Dentro, las calvas delataban que muchos de los presentes eran un trozo importante de esas cinco décadas. Y del fondo, a la izquierda, llegaban los murmullos intranquilos de los chavales que garantizan que el Club de Rugby El Salvador intentará cumplir cincuenta años más.
ANIVERSARIO EL SALVADOR 50 AÑOS from rexman on Vimeo.
«Este acto es un milagro», decía entre orgulloso y asombrado Luis Miguel Enciso Recio. Él, junto a sus hermanos Agustín, Fidel, Alfonso y Gonzalo, puso en pie el colegio. Y ayer asistió a una celebración que entonces ni siquiera habrían podido soñar. Milagro, destino, casualidad… Cada uno encontrará una denominación para el hecho insólito de que un cura francés que hacía el Camino de Santiago decidiera parar en Valladolid y acabara convertido en profesor de El Salvador. Y que ese cura, el padre Georges ‘Jorge’ Bernés, fuera un fanático del rugby. «Hablé con Jaime Enciso Larrucea y le dije ‘si me compras un balón de rugby, yo hago un equipo en el colegio. Había venido con Fermín, mi hijo adoptivo, y él jugaba al rugby en Francia. Jaime me dijo que habría atletismo sobre todo, y yo le dije que mis jugadores de rugby serían sus mejores atletas. Y me lo compró», rememoraba en un saludo grabado en vídeo el sacerdote francés.
Dicho así, parece algo normal. Pero según confesaba a continuación Jaime Enciso Larrucea, quien compró el extraño balón oval de su propio bolsillo, lo que le espetó el hoy venerable padre Bernés fue otra cosa: «me dijo ‘si me compras el balón, la armaremos’».
Inicios duros
Queda claro, cincuenta años después de aquella propuesta con aroma a desafío, que Bernés tenía dotes de vidente. Él mismo se encargó de poner en marcha el club y entrenar a los primeros aventureros. «Montamos los palos con ayuda de los chicos más mayores, porque no sabéis lo difícil que es poner verticales esos postes sin una grúa», recordaba Jaime Enciso. Bernés tiene ganada fama de cabezota. Quizá por detalles como el que relataba Paco Arenal, que se encargará de llevarle su medalla a Francia. «En el primer viaje a Huesca, para el campeonato de España infantil, paraba cada cincuenta kilómetros y nos hacía correr dos o tres kilómetros detrás del autobús».
Entre raspones con las líneas de ladrillo que marcaban el patio-estadio de rugby, golpes contra el suelo de tierra y rebozados por el barro, creció la pasión por un deporte que aún hoy es minoritario en España.
Los momentos difíciles, que los hubo cuando Bernés regresó a Francia, acabaron forjando otra leyenda de El Salvador que ayer también obtuvo su reconocimiento público: Luis Labajos de Asúa. El entrenador de buena parte del aforo del auditorio del Museo de la Ciencia. «Te miraba y decía, y tú, ¿por qué no juegas al rugby?», explicaba el cuarto presidente en la historia del club, Tito Candau. La emotividad del momento hizo que Luis Labajos tuviera que interrumpir su discurso de agradecimiento en dos ocasiones, lo que aprovecharon los asistentes para ovacionarle. Lo llevaba escrito, quizá previendo que sería más difícil improvisar que leer, pero el micrófono inclinado y bajo delataba que la estratagema no había servido. El nudo de la garganta sólo se le deshizo cuando decidió reivindicar el protagonismo de la cantera. «No debemos olvidar que somos un club de cantera y debemos seguir siéndolo. Hay que equilibrar el número de extranjeros y el de jugadores de la casa».
Cincuenta años. Toda una vida. La historia de El Salvador incluye al CDU, al San Carlos, al sempiterno rival, el VRAC, a todo lo que suena a balón ovalado. Algunas anécdotas revelan el paso del tiempo. «Recuerdo a Roberto Reyes», decía Tito Candau, «placar en el campo de tierra y levantarse sin un rasguño. El mismo que ahora se lesiona en los partidos de veteranos. Es lo que tiene jugar en hierba». Algunos de los antiguos se vuelven locos ahora con los bonus, los cambios de puntuaciones… Pero siguen defendiendo, con ese punto de fanfarronería que acerca el rugby al mus, que cualquier jugador pasado fue mejor, especialmente el que lo dice en ese momento, claro.
Luis Miguel Enciso hablaba de que el rugby había inculcado valores, había llevado a los de El Salvador a desarrollarse más allá del deporte. Y Tito Candau hizo memoria. «De aquí han salido abogados, obreros, empresarios, empresarios de lencería (por Rafael Monedero, presente en la sala), unos cuantos inútiles para el servicio militar, hasta alcaldes de pueblo. Nos falta algún alcalde de capital y un obispo, pero tenemos políticos y curas, así que démosle tiempo al tiempo». En definitiva, «personas», como decía Luis Miguel Enciso. La ceremonia institucional se prolongaba, así que los más jóvenes empezaban a removerse en sus asientos, a ir de un lado a otro, a buscar la salida. Parecían ajenos a todo. Pero en sus chándals aparecía el escudo de El Salvador. Ellos son los cimientos de las cinco próximas décadas.

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